Una florista le dio una rosa a un mendigo. Desde ese momento, el hombre no volvió a aparecer en la calle

Una niña pobre estaba vendiendo flores en la calle. Cada día, las arreglaba con cuidado en un pequeño cubo en la acera.

Las personas estaban dispuestas a comprarlas, ya que su pequeño negocio estaba situado en un lugar muy concurrido. Además, sus flores siempre eran frescas y tenían una fragancia preciosa. La florista vio a un mendigo que se sentaba al otro lado de la calle. Era bastante joven, pero tenía un aspecto decadente y estaba muy delgado. Los transeúntes eran reacios a echarle monedas. Seguro que pensaban que se lo gastaría en alcohol. La chica veía la tristeza en su cara cada día y se sentía muy mal por él.

Un día, cuando la chica había vendido casi todas las flores, se acercó al hombre y le dio la última rosa. No sabía si se la aceptaría. Seguro que el hombre quería dinero, no una simple flor que se marchitaría en poco tiempo. Para sorpresa de la florista, el hombre estaba muy contento. Admitió que nunca nadie le había hecho un regalo tan bonito. Durante un buen rato se quedó quieto mientras estaba sentado, oliendo la flor.
¡Ve a la página siguiente para conocer toda la historia! 

Cuando el hombre volvió al viejo almacén, que es donde vivía temporalmente, empezó a buscar algo en un montón de basura para poder guardar la rosa. Poco después, encontró un jarrón viejo y sucio. Echó algo de agua dentro y puso la flor. De repente vio que la preciosa flor merecía un recipiente mejor. Limpió el jarrón y volvió a poner la rosa. Lo puso en una mesa abarrotada y observó la rosa durante largo tiempo.

No le gustaba el sitio en el que estaba. La mesa estaba llena de restos de comida y botellas de licor. Lo limpió todo y puso la flor en una pequeña zona limpia. Durante un rato estuvo satisfecho hasta que vio que no le pegaba a esa habitación sucia y con mal olor. Cierto, la mesa estaba limpia, pero a su alrededor había montones de basura. El mendigo empezó a limpiar. Lanzó los objetos innecesarios y guardó lo que necesitaba en un estante de metal.

La maravillosa flor y la habitación limpia mejoraron mucho su humor, pero cuando se fue a la cama, vio su reflejo en el espejo. Sabía que no tenía buen aspecto, pero no se pensaba que estaría tan mal. No se parecía en nada a la persona que era hacía solamente un año. El pelo enmarañado, la barba frondosa y la ropa sucia le hacía sentir incómodo y decidió que algo tenía que cambiar. Antes de cerrar los ojos, miró otra vez a la rosa y juró que mañana sería diferente.

Al día siguiente fue a casa de una anciana que le solía ofrecer comida y le preguntó si podía prepararle un baño. Se lavó y se afeitó. La vieja mujer no podía creer semejante transformación. Le dio algo de ropa de su hijo y el mendigo salió a la calle como alguien completamente nuevo. Nadie lo miraba con desprecio ni arrugaban la nariz cuando pasaban por su lado. Se dio cuenta de que por fin tenía que cambiar su deprimente vida.

Lo contrataron en una obra, donde trabajó duro todo el día. No fue fácil, pero finalmente tuvo el dinero suficiente para alquilar una pequeña habitación a las afueras de la ciudad. Un día, cuando terminó de trabajar, fue al lugar donde la chica vendía flores. Era su último cubo. Sacó algo de dinero y compró todas las rosas, dejándole una propina inmensa. La florista no le reconoció. Estaba muy contenta y le dijo que el dinero que había recibido iría para pagarle medicamentos a su madre enferma.

El hombre tomó las flores y juró que cada una de ellas sería una nueva meta que quería cumplir. Tenía 24 flores. El joven tiene la vida entera por delante y es muy probable que pueda conseguir todo lo que se proponga.

Página 1 de 1


Reply